Minimalismo: Un documental sobre las cosas importantes

Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, ideólogos del sitio web theminimalists.com y varios libros relacionados con el minimalismo, producen este documental en el que su gira promocional sirve de hilo conductor para hablar sobre el tema. Esto convierte el formato en un canal publicitario para su producto, un producto sobre el que más adelante hablaremos.

Transcurre en distintas regiones de Estados Unidos, lo que no resta utilidad a su contenido, pero sí conlleva una reducción del espectro y una exaltación del ego estadounidense. La acumulación y el consumo masivo son fenómenos globales y, como tales, tienen efectos globales, pero esta producción audiovisual no da cuenta de ellos, sino que se queda paseando en la zona cercada.

Uno de los fotogramas que aparecen al comienzo del documental.

Encontré el documental en Netflix. En la descripción no especifican que los productores son los protagonistas de la historia. Aparece en los datos técnicos, claro, pero sin una indagación previa no se pueden unir los puntos. Por eso, al notar que la trama principal giraba en torno a Joshua y Ryan, “Los Minimalistas”, y su viaje de promoción, algo me chirrió.

El hecho de que dos personas que se ganan la vida con el minimalismo produzcan un documental sobre minimalismo no es lo mismo que alguien que se dedica a la investigación entreviste a profesionales y especialistas sobre ello. Hay una finalidad adicional a la divulgativa. En este caso, es también una extensión publicitaria: sumar seguidores al minimalismo es garantizarse nuevos consumidores. Esto no implica que el documental no tenga un contenido interesante, sólo añade un matiz al modo en que debería ser visto.

Introducción: La sociedad del consumo

“Creo que estamos comenzando a reexaminar lo que significa tener éxito en la vida” – Jay Austin, arquitecto.

Se podría considerar que el éxito es el culmen de la felicidad. Cada cual puede tener su propia definición de qué es la felicidad. La realidad es que pasamos la vida en el camino de búsqueda y que definimos la meta en unos términos que son tan caprichosos como influenciables; unos términos que cambian al conseguir un objetivo o al ser expuestos a estímulos como los publicitarios. La búsqueda se transforma en un proceso insatisfactorio y frustrante, que desgasta porque no se alcanza el final. Y esto es algo común a todos los que habitamos en esta sociedad de consumo.

Las casas de las cosas

Resulta muy chocante que se empleé más espacio en los hogares para almacenar las posesiones que para hacer vida dentro de ellos. Además, el documental da a conocer un dato muy interesante. A través de un mapa de calor, aplicado en distintas casas, se comprobó que muchas de las habitaciones no tenían a penas uso: lugares como el comedor, la sala de estar o el porche terminan el día sin que nadie los haya transitado.

El documental nos muestra un mapa de calor que ilustra las zonas más utilizadas de una casa.

Quizá es porque una casa grande, con una zona elegante para acoger a invitados o una piscina, es uno de esos indicadores del (frágil) éxito. El problema no es sólo que una vivienda de estas características no vaya a proporcionar felicidad (de hecho, incluso va a generar más trabajo y disminuir el tiempo disponible para hacer lo que verdaderamente nos gusta), sino que se compra con un dinero que, normalmente, no se tiene, sino que procede de préstamos bancarios.

El documental habla de la burbuja inmobiliaria, de cómo se disparó la crisis por la especulación. Hacen referencia a que cuando alguien decide comprar una casa, en vez de pensar en qué necesidades tiene y entonces buscar un hogar que se ajuste a ellas, piensa en su presupuesto. Nuevamente, el planteamiento es erróneo, porque se basa la decisión en el dinero de una hipoteca, es decir, un dinero que no es nuestra propiedad.

Las posesiones: utilidad y vínculos

“Nunca vas a tener suficiente de lo que realmente no quieres. Queremos lo que nos aporta, queremos sentirnos completos” – Rick Hanson, neurólogo.

Las cosas, en sí mismas, no definen a una persona. Sí lo considero de la motivación palpable por la que escogemos algo. Me explico: Si he comprado una camiseta en una tienda de segunda mano porque deseo reducir mi impacto medioambiental, lo que me define es mi preocupación por la naturaleza, no la prenda. El hecho de que sea una persona comprometida con el medioambiente hace que mis decisiones de compra vayan en esa línea. Dicho de otra forma, lo que habla de mí no son mis posesiones, son mis actos y mis elecciones.

La socióloga y economista Juliet Schor hace una intervención que voy a traducir por completo porque, en mi opinión, no tiene desperdicio: “Somos muy materialistas en el sentido diario de la palabra y no somos suficientemente materialistas en el verdadero sentido de la palabra. Debemos ser materialistas de verdad, es decir, preocuparnos de la cualidad tangible de los bienes. En vez de eso, vivimos en un mundo en el que los objetos son tan importantes por su significado simbólico, por la posición y el estatus que nos otorgan basados en lo que los anuncios y el marketing nos dicen”.

Lo peligroso es que el consumo y el deseo de consumo se justifican por esos valores intangibles, por esa falsa vinculación emocional de un “algo” con “alguien”.

Uno de los espacios de la casa de Joshua Fields Millburn.

Cuando reducimos un objeto a sus cualidades materiales, lo que hacemos es simplificar y preguntarnos qué necesidad nos cubre, sin considerar matices subjetivos como la marca o el diseño. Nuestra relación con las cosas debería ser totalmente utilitaria.

“Amad a las personas y utilizad las cosas, porque al contrario nunca saldrá bien”, asegura Joshua Fields Millburn. Cuando el fin utilitario de los objetos comienza a afectar a las personas, es el momento de parar. Y hago esta apreciación porque podríamos justificar la compra de, por ejemplo, un móvil por su valor de uso, pero si para que podamos tenerlo entre las manos hay sufrimiento humano, deberíamos pensarlo dos veces.

La investigadora social Gail Steketee señala que establecemos nexos con lo que no deberíamos: “Está claro que como seres humanos desarrollamos un fuerte vínculo al principio de nuestras vidas con las personas que nos cuidan. Algunas veces parece que esos vínculos se están volcando sobre los objetos, como si fueran tan importantes como las personas”.

El trabajo y la insatisfacción

El trabajo es percibido como una fábrica de dinero para proporcionarnos la vida que verdaderamente queremos. Esta concepción nos hace sumamente desgraciados. Básicamente porque destinamos una gran cantidad de tiempo a esta tarea y si la tomamos simplemente como un medio para llegar un fin, dedicarle tanto resulta desmotivador y castrante. Sería bueno recuperar la concepción de “vocación”, que el esfuerzo se dirigiese a conseguir ganarse la vida con algo que nos llene, y no en buscar el puesto que en menos tiempo nos genere más beneficios económicos.

Obviamente, hay que ser realista y considerar el panorama actual en el que tanto emprender un negocio como trabajar por cuenta ajena resulta difícil, y se prioriza no ya la acumulación de riqueza, sino la supervivencia.

Las 52 temporadas de moda rápida

Las generaciones anteriores tenían dos temporadas de moda: otoño-invierno y primavera-verano. Estas etapas eran totalmente utilitarias (una para el frío y otra para calor), pero ahora éstas se han ampliado hasta llegar a cincuenta y dos.

Resulta obvio que no necesitamos tantas propuestas en un sólo año, pero, además ¿se puede crear algo válido en esos intervalos tan breves? Si consideramos la moda como algo creativo, y al menos así la categorizo yo, es imposible que podamos opinar que de tantas temporadas pueda salir algo bueno. La creación lleva su tiempo. Y si sumamos el factor medioambiental y de explotación humana a la ecuación, la respuesta se hace más evidente: más de dos temporadas es inútil.

La socióloga Juliet Schor vuelve a hacer un apunte interesante: “Casi cualquier cosa de la casa se ha convertido en un objeto de moda, lo que ha sido una dramática transformación”. Ya no sólo hay tendencias en moda, sino también en decoración, y éste es un terreno amplísimo. Si ya es un malgasto de recursos naturales, humanos y financieros comprar y tirar ropa, ¿cómo no va a considerarse despilfarro el adquirir y desechar muebles sistemáticamente?

Courtney Carver, fundadora de Project 333.

Me alegré infinitamente de ver que entrevistaron a Courtney Carver, quien inició Project 333 como un experimento personal. Consiste en pasar cada tres meses, haciéndolos coincidir con las estaciones, con treinta y tres prendas; una forma de demostrarnos, por una parte, que tenemos demasiada ropa y, por otra, que con poco más de treinta prendas, incluyendo calzado y accesorios, podemos llevar el minimalismo al armario y tener un vestuario muy completo.

La publicidad para la infancia

Hace unas décadas, las empresas que vendían productos y servicios cuyos usuarios eran la infancia pasaban por el filtro parental. Hoy en día, la publicidad se dirige directamente a los niños. No hay tanto control de lo que ven en televisión y acceden a tecnologías con Internet desde edades muy tempranas, a las que son muy susceptibles.

Joshua Fields Millburn leyendo un pasaje de uno de sus libros sobre minimalismo.

Mucho se ha hablado ya sobre los valores de género que perpetúan la mayoría de juguetes y, si bien se han hecho progresos, es algo que aún no está superado. Además, se les instruye en el consumismo, no en la conformación de una conciencia crítica. Quizá en ese momento no tienen dinero que gastar, pero desde que reciben este impacto están entrando en un preocupante proceso, el de convertirse en los compradores compulsivos e insatisfechos del futuro. Por eso, resulta indispensable que los padres y las madres permanezcan atentos y eduquen en un consumo responsable desde el ejemplo y el diálogo.

La meditación como antídoto

Estamos imbuidos en un sistema que nos sobre estimula y nos distrae a través de la obsolescencia programada, de la saturación de información y de la perpetuación de la insatisfacción como la piedra angular del beneficio económico.

El periodista Dan Harris cuenta como pasó de ser un escéptico de la meditación a practicarla como remedio a la aceleración y la ansiedad desmedida que le asaltaban cada día. Propone un término interesante, la angustia constructiva (“constructive anguish” en inglés), para referirse a la cantidad de preocupación que podríamos considerar razonable y/o justificable. Sabemos que hemos superado ese índice aceptable cuando nos genera sufrimiento.

Observaciones finales

1. Joshua y Ryan cuentan que ambos tuvieron infancias traumáticas, creciendo con madres divorciadas que habían caído en el alcoholismo o en el narcotráfico, y obligados a vivir de forma muy humilde. Indagan en la posibilidad de que quizá sea eso por lo que, ya siendo adultos, sintieran la imperiosa necesidad de adquirir todo lo que de niños no pudieron tener.

Este relato me parece contradictorio, erróneo y sensacionalista. Contradictorio porque comienzan el documental argumentando que el consumo compulsivo es algo que sufre la gran mayoría de las personas que viven dentro de sistemas capitalistas. Erróneo porque vincular los deseos de acumulación a un trauma no permite analizar la complejidad social del fenómeno y reduce su importancia considerablemente. Y sensacionalista porque el hecho de que ellos hayan experimentado esas vivencias no aporta nada al contenido, más allá de “humanizarlos” y, así, ganar simpatía y poder engordar su lista de seguidores.

2. Uno de los ejemplos que se muestran para evidenciar la obsesión por consumir es la aglomeración de gente en busca de los últimos modelos de iPhone cada vez que salen al mercado. Lo que contrasta con el hecho de que tres de las personas que salen en el documental (una de ellas el propio Joshua Fields Millburn) utilizan un portátil de Apple, una de las marcas que, precisamente, engancha con esa parte irracional de sus consumidores.

Además, también salen los portátiles en contextos que no aportan nada al contenido. De hecho, hay una escena en la que Colin Wright, un emprendedor que vive sin residencia física, viajando por el mundo, aparece fotografiado en un entorno natural con su Mac.

Joshua Fields Millburn con su portátil de Apple.
Courtney Carver tecleando en su Mac.
Colin Wright haciendo gala de naturalidad.

Esto me da mucho que pensar. El minimalismo se convierte aquí (y en otros casos y como otras tantas materias) en una oportunidad más para hacer caja. Y para ganar dinero lo más efectivo es, como bien explica el documental, vincular lo material a ideas. Relacionan el minimalismo con personas sin ataduras, felices, con un estilo de vida cool y moderno. Puede ser más o menos cierto, el caso es que se crea una imagen de esa forma de vivir con el objetivo de vender. No sería raro terminar de ver el documental y pensar: “Voy a comprarme sus libros, voy a vaciar mi casa y a comprar una más pequeña, y a subir fotos del proceso a Instagram”, ¿no?

3. La reflexión sobre el trabajo es, probablemente, una de las más interesantes. Deberíamos hacer todo lo que esté en nuestras manos por cambiar la relación que mantenemos con los empleos. No obstante, quisiera criticar la imagen idealizada que transmite el documental sobre este aspecto. Entrevistan a varias personas que aseguran haber dejado sus trabajos porque no les llenaban. Se han lanzado a la aventura y ahora son muy felices. No me gustaría desechar la autenticidad de sus argumentos, pero hay que considerar que estos casos se producen en situaciones ideales y que no para cualquier persona son posibles. Sería más provechoso mostrar opciones accesibles.

Conclusiones personales

“Nunca seremos capaces de conseguir un progreso ecológico si seguimos esperando que nuestras vidas permanezcan igual. Tenemos que renunciar a mucho” – Jay Austin, arquitecto.

Quizá he transmitido la impresión de que “Minimalism” es un documental interesado con grandes fallos de contenido y, por lo tanto, no merece la pena verlo. Sí es cierto que su producción surge desde el interés, pero eso no lo convierte en una pieza atractiva.

Considero que todo lo que hace pensar y proporciona argumentos es útil y digno de considerar; y que tan importante resulta succionar los conocimientos de cualquier fuente como separar lo pertinente de lo superfluo.

Personalmente, lo que me llevo de este acercamiento al minimalismo:

1. Quiero probar con el Project 333 el próximo invierno. Siempre me ha llamado la atención pero, por pereza o por miedo a no ser capaz, no lo he hecho.

El emprendedor Colin Wright posa junto a todas sus posesiones.

2. Reafirmo mi decisión de no comprar más libros, a no ser que sean algunos de consulta a los que vaya a recurrir con cierta regularidad. Si los compro, procuro que sean de segunda mano, dejando los nuevos como última opción. ¡Y eso no hace que haya dejado de leer! Me he convertido en visitante asidua de las bibliotecas públicas y la oferta es impresionante.

3. Refuerzo mi distancia con el consumo de moda rápida y, en general, con la moda. Prefiero intercambiar ropa con mis amigas y mi madre, personalizar lo que ya tengo cuando me aburre, y recurrir a la segunda mano en vez de participar en ese sistema que, dicho sea de paso, está abocado al fracaso.

4. Considero que la emancipación será el momento ideal para hacer limpieza y deshacerme de todo lo que no me aporte nada. Mientras tanto, quiero adoptar una óptica más austera (más todavía) sobre los objetos que consumo.

5. Consolido mi preferencia por los obsequios hechos a mano y el regalar experiencias en vez de cosas.

6. Pienso en nuevas formas de ocio que no impliquen gastar dinero, por ejemplo, el comer fuera haciendo un picnic en vez de en un restaurante.

7. Deseo practicar el desapego con las cosas que tengo, procurando estar más abierta a compartir lo que tengo y deshaciéndome de forma responsable de aquello que no me aporte nada.

8. Aspiro a predicar con el ejemplo y no sólo hablar de mis opiniones, sino invitar a mi entorno a compartirlas cuando las ponga en práctica. Por ejemplo, en vez de seguir a quien proponga “ir de rebajas”, proponer un plan alternativo, sin imponer mi visión sobre la de nadie y siendo respetuosa.

Imagen destacada | theminimalists.com
Imágenes post | Capturas de Minimalism: A documentary about important things

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